miércoles, 22 de febrero de 2012

Wisdom and knowledge

Wisdom cannot be gained through knowledge.
Wisdom and knowledge are opposites, like day and night.
To look for wisdom through knowledge is to run a race that cannot be run, like chasing a ghost.
To know wisdom is to get lost in complexity while trying to find simplicity.
The way of the wise is simple.
It embraces emptiness rather than accumulation.
It cannot be known, it can only be unknown.
It cannot be said, it can only be quieted.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Desintegrar

Como si cualquier cosa, un millón y medio o más de pedazos reclaman independencia. Había escuchado que el todo está contenido en cada una de las partes que lo componen. Alguna parte de mí lo escuchó antes de hacerme pedazos.
Vi por ahí una estrella brillar, de noche. También vi la luna. Seguí una brisa marina estando en la ciudad, y cuando llegué al mar sentí la prisa de querer regresar. Y reventé. Qué sensación la de reventar en un millón y medio o más de pedazos, como si cualquier cosa, como si un juego.
Escuché por ahí un pájaro cantar, de día. Y me pregunté por qué cuando las cosas que hacen sonidos indescifrablemente parecidos a los que hacemos cuando sentimos tal y tal otra cosa creemos que la fuente del sonido siente tal y tal otra cosa. Como si humanos.
En la playa vi olas haciendo espuma.Vi también espuma deshaciendo olas. Pensé en lo que sube como la espuma y que termina siempre desapareciendo, convirtiéndose en un millón y medio o más de pedazos de un todo sin partes. Aire, que más bien recuerda a la nada.
Trataba. Esperaba que algo grandioso sucediera mientras me mantenía impávido. Fue sólo espuma.
Qué triste. Pensé en la ciudad mientras miraba al mar. Fue entonces cuando vi una estrella brillar. Y la luna. Qué triste no poder ser como el mar: nunca cansarme de aparecer y desaparecer estando siempre ahí. De hacer espuma y de ser infinito sin ser nunca el mismo. Fue entonces cuando escuché el canto del pájaro y no me permití pensar que estuviera expresando alegría: expresaba pajarez. En todo caso, expresaba pajarez. Me sentí pájaro y expresé mi propia pajarez silbando.
Luego toqué el mar. Permanecí dentro tanto tiempo que, cuando quise salir, tuve que convertirme en espuma.
Brillar en pedazos para encontrar la oscuridad. Silbar muy fuerte para sentir la comodidad del silencio que le sigue a la fuga vehemente de una idea que se escapa haciendo cualquier sonido. Porque, como la oscuridad, hay cosas para no ver; como el silencio, hay cosas para no entender.
Como si aire. Como si un pájaro cantara. Como si el mar se hiciera espuma y dejara de ser mar. Como si la espuma desapareciera. Como si no quisiera. Como si nada.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Palabra, semilla y agua

El flujo salió del interior de una cueva maltratada por el paso del tiempo. Pero, una vez fuera, fue capaz de convertirse en agua cristalina. Tocó todo cuanto a su alrededor estaba, permitiendo que las montañas se revistieran del verde que tanto extrañaban mis ojos.
Había pasado mucho tiempo en silencio; sin embargo, el verde fue suficiente para permitir que del interior de mi propia cueva, quizás también maltratada, emanara un dicho penetrante que también me haría reverdecer. "Todo emana del centro", dije. "Y, aunque el interior pueda desgastarse, el agua siempre encuentra su caudal".
Sobre la orilla del río, dejé que mis pies hicieran contacto con la corriente. Poco a poco fui adentrándome más y más. El agua que mojaba ahora mi propia semilla, sabía, me encontraría más verde la próxima vez que nos viéramos. Salí entonces y me dispuse a dar un sorbo de ese líquido que de algún lado venía y que hacia algún lugar —no importaba cuál— fluiría.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Planeta

Un sábado en el que supuestamente llovería me di cuenta de algo asombroso. No llovió. Fue la claridad de la neblina que cubría la ciudad mientras viajábamos en el coche hacia la montaña.
"Mira", le dije. "La ciudad se ve nublada, pero no llueve".
En la radio sonaba cualquier canción. Le permitía poner un pretexto para disfrutar de la vida con plenitud. No lo necesitaba, en realidad, pero la radio estaba encendida. Bailaba y me decía que la ciudad se veía hermosa. "Mira", me dijo con una sonrisa. "La ciudad se ve hermosa".
Al enfocarme en las nubes, supuse que todo, a través de sus ojos de un discreto color miel, se veía hermoso. Supuse que por eso bailaba. Supuse que por eso no llovía, aunque se suponía que ese día llovería. Supuse que éramos del mismo planeta. Me imaginé una historia increíble.
"Somos del mismo planeta", me dijo. "¿Por qué no sonríes?"
No sonreía porque me costaba aceptar que la realidad pudiera ser dulce. Delicada e inexplicablemente dulce. No sonreía porque no estaba acostumbrado a creer que la realidad pudiera tener un sabor distinto al amargo. Pero en vez de decir cualquiera de esas cosas y hacer que lloviera en el sábado en que supuestamente llovería, abrí la boca sólo para mostrar una sonrisa. Sol, en vez de lluvia.
Bailamos los dos y nos asombramos de lo bonita que se puede ver una ciudad nebulosa. Un lejano recuerdo de nuestro planeta.

lunes, 5 de septiembre de 2011

miércoles, 31 de agosto de 2011

El gallo

(Ésta es la traducción de un chiste que leí hace poco y me encantó. Es uno de esos chistes que cae en la categoría de "antihumor")

¿Por qué el gallo cruzó la calle?

Por que tras la atroz modificación genética de la que fue víctima en un laboratorio, había adquirido una inteligencia casi humana. Habiendo crecido en el laboratorio, entre científicos idealistas y políticos de izquierda que sólo hablaban de la revolución y la liberación socialista, pensó que un día, cualquier día, alcanzaría su libertad. Más tarde durante ese año, en un acto de rebeldía civil al interior del gallinero, se rehusó a comer la comida que se le proporcionó. Mientras el científico a cargo del experimento abrió la jaula para tomar al gallo disidente, éste lo picoteó en el ojo y puso en libertad a sus hermanos y hermanas. Sin embargo, el mundo real no era lo que el gallo esperaba. El comercialismo rampante del que fue testigo a partir de su liberación desilusionó al gallo en tal medida que tomó la decisión de acabar con su propia vida. Levantándose por la mañana, en su horario habitual —a las 6:00 a.m.—, se acercó a su esposa y se inclinó para darle un beso delicado en la mejilla; una lágrima solitaria corría desde su ojo mientras se imaginaba al hijo que, sabía, nunca conocería. El gallo salió a la fría y lluviosa mañana de la Ciudad de México; el viento soplaba fuerte sobre sus mejillas y la lluvia le mojaba incesantemente el pecho. Dando un paso hacia la transitada vía de doble sentido, cerró los ojos y se imaginó el cielo...

martes, 30 de agosto de 2011

Lejos

Es cierto que algunos se acercan mucho más que otros, aunque todos queden, al final, igual de lejos.